domingo, 11 de abril de 2010

EL POBLAMIENTO DE AMÉRICA DEL SUR


EL POBLAMIENTO DE AMÉRICA DEL SUR

Cuando los europeos de los siglos XV y XVI desembarcaron en América, encontraron pueblos que tenían una riquísima historia milenaria. Los nativos americanos, con diversos grados de desarrollo cultural, descendían de los verdaderos descubridores de este continente: los cazadores y recolectores nómadas que llegaron hace aproximadamente 20 mil años atrás.

El almirante genovés Cristóbal Colón erróneamente los presentó como “indios” ante la corona española. Al comenzar el siglo XVI, Américo Vespucio informó que estas tierras eran un “Mundus Novus” para los europeos. En 1537 el Papa Paulo III dictaminó solemnemente que los nativos americanos eran seres humanos. En medio del terrible proceso de sometimiento de los pueblos indígenas, diversos personajes, principalmente teólogos del catolicismo, empezaron a especular sobre la procedencia de los primeros habitantes de América. Arias Montano en 1570 creía que América fue poblada por dos tataranietos del legendario personaje bíblico Noe. Gregorio García en 1607 trataba de demostrar que los indígenas americanos tenían su origen en antiguas inmigraciones judías. Otros autores creían que los fenicios hicieron viajes remotos, cruzaron el Océano Atlántico y poblaron América. Se especuló inclusive que fueron pobladores de la mítica Atlántida los que dieron origen a los antiguos habitantes americanos.

El primer estudioso en plantear una hipótesis razonable fue el cronista español José de Acosta. En 1590, en su obra “Historia Natural y Moral de Indias”, Acosta conjeturó que América fue poblada por inmigrantes que llegaron desde Asia aprovechando alguna región donde ambos continentes se acercaban por el norte. Cuando aún no se descubría el estrecho de Bering, el cronista escribió: “Mas al fin, en lo que me resumo es que el continuarse la tierra de Indias con esas otras del mundo, a lo menos estar muy cercanas, ha sido la más principal y más verdadera razón de poblarse las Indias; y tengo para mí que el Nuevo Orbe e indias Occidentales, no ha muchos millares de años que las habitan hombres, y que aquellos aportaron al Nuevo Mundo por haberse perdido de su tierra o por hallarse estrechos y necesitados de buscar nueva tierra, y que halándola, comenzaron poco a poco a poblarla, no teniendo más ley que un poco de luz natural, y cuando mucho algunas costumbres que les quedaron de su patria primera.” ( ACOSTA, Joseph. Historia Natural y Moral de Indias, pag. 63)

Sin embargo, hasta el siglo XIX tenían mucha difusión los planteamientos basados en los escritos bíblicos. Durante el Virreinato del Perú un teólogo erudito llamado Antonio de León Pinelo propuso formalmente que el Edén bíblico o “paraíso terrenal” se ubicó en plena selva peruana y que desde ahí los descendientes de Adán y Eva poblaron el resto del mundo.

Recién con la difusión de la obras del naturalista Charles Darwin, en la segunda mitad del siglo XIX, se dio un nuevo impulso a las investigaciones, esta vez teniendo como base los postulados evolucionistas y los estudios geológicos, paleontológicos y arqueológicos. A fines del siglo XIX se llegó a plantear que América fue la Cuna de la Humanidad, hipótesis desacreditada por los científicos defensores de las teorías inmigracionistas, que sostienen que América fue poblada por oleadas provenientes de otras regiones del planeta.

Los cazadores nómades de origen mongoloide, llamados “paleoindios”, habrían ingresado a Sudamérica hace unos 8000 años a.C. Sin embargo, recientes descubrimientos arqueológicos como los de Pedra Furada de Brasil (11 000 a.C.) y Monteverde de Chile (13 000 a.C.), sugieren que este subcontinente no estaba despoblado. Los cazadores de origen melanésico y australiano se les habrían adelantado, estos deben ser llamados “paleoamericanos”, según Tom Dillehay.

La versión tradicional planteaba que América del Sur fue poblada inicialmente por cazadores mongoloides provenientes del norte del continente unos 13 000 años a.C. ingresando por el tapón del Darién, al norte de Colombia. Aunque no se descartaba la llegada de melanésicos y australianos se la consideraba muy tardía, no más de 6 000 años a.C.

El estudio de los esqueletos descubiertos en Pedra Furada de Brasil (11 000 a.C.) demostró que sus cráneos no tienen rasgos mongoloides o paleoindios, sino de negroides, posiblemente melanésicos. Los restos arqueológicos de Monteverde de Chile (13 000 a.C.) sugieren el ingreso de cazadores oceánicos (posiblemente procedentes de Australia) por el extremo sur del continente americano. Los restos líticos y esqueletos humanos más antiguos de Sudamérica están claramente asociados a los melanésicos y australianos que habrían cruzado el Oceánico Pacífico, siendo los primeros pobladores de Sudamérica.

Sin embargo, hacia los 8000 años a.C. habrían ingresado los cazadores mongoloides provenientes del norte y extinguido a los paloamericanos, de origen oceánico, merced a sus mejores armas e instrumentos líticos. Los mongoloides se convirtieron en los nuevos amos de este subcontinente. También es factible que se haya dado un mestizaje entre ambas razas dando origen a grupos como los patagones y fueguinos que poseen características antroposomáticas de ambas razas.

El mundo científico aguarda las investigaciones en los estratos más profundos de Monteverde de Chile, donde habrían evidencias de presencia humana de unos 30 mil años a.n.e. Mientras tanto, sobre el origen del hombre americano, los especialistas siguen teniendo más preguntas que respuestas.
Los científicos no dudan que los indígenas americanos modernos descienden, en gran medida, de las oleadas migratorias provenientes del Asia durante la glaciación de Wisconsin. Éste periodo glacial se inició hace 70 000 años y acabó alrededor de 10 000 a.C. En estos sesenta mil años , el descenso del nivel del mar hizo aparecer un puente terrestre llamado Beringia.

Este istmo tuvo zonas libres de hielo desde unos 36 000 años a.C. que conectaban Siberia con Alaska y habrían permitido el poblamiento remoto del valle del Yucón. Sin embargo, durante muchos milenios el avance de los asiáticos mongoloides al resto del Continente estuvo bloqueado por una gigantesca masa glacial que cubría el norte de Canadá; hasta que a fines del Pleistoceno el incremento gradual de la temperatura permitió la aparición del llamado Corredor de Mackenzie, a través del cual las bandas de cazadores se propagaron al resto de Norteamérica y más tarde a Sudamérica.

Como ya mencionamos, los sitios arqueológicos con fechados anteriores a 13 mil años a.C. tienen muy escasa aceptación en la comunidad científica internacional, principalmente entre los especialistas estadounidenses seguidores de Alex Hrdlicka. La mayoría de arqueólogos, entre ellos el reconocido Tomás Lynch de la Universidad de Cornell, han rechazado tradicionalmente todos los sitios Pre-Clovis, aunque últimamente las excavaciones en Meadowcroft (EE.UU.) y Monteverde (Chile) les obligan a replantear el problema. Estos y otros descubrimientos recientes en Norteamérica y Sudamérica sugieren que la presencia humana en nuestro continente es anterior en miles de años a los hombres de Clovis.
EL HOMBRE DE MEADOWCROFT

Fue descubierto y estudiado por James Adovasio, en Pennsylvania, cerca de la costa atlántica de EE.UU. En la caverna de Meadowcroft se descubrieron abundantes utensilios líticos como cuchillos y puntas bifaciales, lascas y raspadores. En el sitio se encontró, además, abundante material orgánico producto de la flora y fauna que sirvió de alimento a los hombres de Meadowcroft. Los arqueólogos extrajeron setenta muestras de estos restos y contrataron distintos laboratorios. Los resultados fueron sorprendentes: Hasta 16000 años a.C. sobrepasando en cinco mil años a las famosas puntas Clovis. Instrumentos semejantes, con una antigüedad de 13 000 años a.C., fueron ubicados en Cactus Hill y Topper; también al este de los EE.UU.

Las puntas de lanza de las costas atlánticas norteamericanas no tienen la forma de las clásicas armas acanaladas de los Clovis. Más se asemejan a las puntas solutrenses halladas en España y Francia, del periodo Paleolítico Superior. Basándose en esto los especialistas Bruce Bradley y Dennis Stanford, del Departamento de Antropología del Instituto Smithsoniano de EE.UU., plantean una sorprendente hipótesis. Sin negar la inmigración paleomongoloide por la ruta de Bering, sostienen que hace 18000 años grupos de cazadores europeos habrían llegado en embarcaciones rudimentarias cruzando el Atlántico por el lado oriental de América del Norte
Un equipo dirigido por Tom Dillehay, de la Universidad de Kentucky, descubrió en Monteverde (Puerto Montt, Chile) restos líticos asociados a material orgánico que arroja una antigüedad de hasta 30 000 años a.C. El hallazgo a estremecido el mundo científico internacional y ha acaparado portadas en los principales diarios y revistas científicas del mundo.

En Monteverde se hallaron evidencias de un campamento de 12 tiendas hechas de estacas de madera y pieles de animales con restos de fogón. Las cenizas sometidas al Carbono 14 arrojaron una antigüedad de 13000 años a.C. Los arqueólogos encontraron instrumentos de hueso y puntas bifaciales asociadas a huesos de megafauna pleistocénica como mastodontes y paleollamas. Las puntas Monteverde se asemejan mucho a las encontradas en Taima Taima (Venezuela) que tiene una antigüedad de 11000 años a.C.

Ya el hallazgo del campamento de 13 000 años a.C. había causado revuelo internacional. Sin embargo excavando en estratos más profundos Dillehay encontró restos que arrojaron una antigüedad de 33 000 años. De confirmarse estos resultados se daría un vuelco total en la explicación del poblamiento inicial americano. Las investigaciones continúan y la polémica es cada vez más encendida.

1- BONAVIA, Duccio. Perú: Hombre e Historia, Tomo I.

2. CLAIBORNE, Robert. Los primeros americanos

3. RIVET, Paul. Los orígenes del hombre americano.

4. REVISTA NATHIONAL GEOGRAPHIC

5. REVISTA NEWSWEEK
En 1884 el paleontólogo argentino Florentino Ameghino sorprendió a la comunidad científica de la época al anunciar que había descubierto en las Pampas Argentinas, restos óseos de remotos antepasados de la especie humana. Su planteamiento autoctonista fue finalmente desechado, después de candentes polémicas, en base a nuevas y rigurosas investigaciones.
Sabemos ahora que son las teorías inmigracionistas las que nos acercan a la verdadera historia del poblamiento inicial de este continente. Los más renombrados estudiosos del tema durante el siglo pasado fueron: el checo-estadounidense Alex Hrdlicka, el francés Paul Rívet y el portugués Mendes Correa. Estos científicos son verdaderos clásicos de la antropología americana que, sin embargo, discreparon en varios aspectos de los orígenes del hombre americano.

LA TEORÍA ASIÁTICA DE ALEX HRDLICKA
GLACIACIONES



Según el antropólogo Álex Hrdlicka, los primeros pobladores de América fueron los cazadores paleomongoloides asiáticos que ingresaron por el estrecho de Bering, a fines de la glaciación de Winsconsin, del periodo Plesitoceno. Las oleadas migratorias habrían ingresado por el valle de Yucón de Alaska, en Norteamérica, para después dispersarse por el resto del continente.

El actual estrecho de Bering lo forman las aguas que cubren la plataforma continental que une a la península siberiana de Chukotsky con la península de Seward en Alaska. Esta plataforma, hoy sumergida, de una profundidad media de sólo 40 metros, constituyó una gran masa de tierra continua entre ambos continentes. Los estudiosos la conocen como istmo de Beringia. Éste quedó al descubierto por el fenómeno de la “eustacia glacial”, que ocasionó el descenso del nivel del mar en 100 metros, durante la Glaciación de Wisconsin (o Wurm) del periodo Pleistoceno.

La teoría inmigracionista asiática se apoya básicamente en semejanzas antroposomáticas entre el hombre asiático y los amerindios : cabellos lacios y oscuros, ojos con pliegue mongólico, pómulos anchos y salientes, dientes en forma de pala, rareza de pilosidad en la cara. También señaló la famosa “mancha mongólica”, una pigmentación verdosa congénita que tienen los asiáticos e indígenas americanos al nacer y que desaparece con el paso de los años. Hrdlicka era partidario del origen monoracial del poblamiento de América. Según él, entre los indios de América (mayas, quechuas o patagones) hay un conjunto de caracteres comunes que sugieren un origen común general. Este “aire de familia” se debería a que todos descienden de un tronco común: el asiático mongoloide.

A favor de su tesis monoracial, Hrdlicka sostuvo también que todas las lenguas indígenas, como las asiáticas, eran polisintéticas y aglutinantes. Polisintéticas porque sus palabras están compuestas por muchos morfemas y aglutinantes porque sus palabras se forman al añadir varios prefijos y sufijos.

Es importante recordar que Hrdlicka era firme partidario de un poblamiento reciente, para él las primeras bandas llegaron recién a fines del Cuaternario (10 000 años a.C. aproximadamente) .

Si bien es cierto que la ruta de inmigración asiática es ampliamente aceptada por la comunidad científica internacional, Hrdlicka tuvo y tiene detractores. El punto más atacado es su tesis monoracial. Sus críticos (Paul Rivet y Mendes Correa, por ejemplo) consideran que, aparte de los mongoloides, también llegaron otros grupos migratorios paleolíticos, como melanésicos y australianos; es decir sostienen una tesis poliracial.
El antropólogo y lingüista Franz Boas demostró que no todas las lenguas americanas son polisintéticas y aglutinantes y que no existe un carácter común entre ellas. Y según el antropólogo Paul Rivet el estudio de los grupos sanguíneos no aporta tampoco un argumento a favor del exclusivo origen asiático de los indios americanos.
Sobre la antigüedad de las primeras oleadas migratorias, en las últimas décadas se han incrementado las evidencias de una presencia humana más remota en nuestro continente. La antigüedad de 10 000 años a.C. que planteaba Hrdlicka, ha sido ampliamente superada por los nuevos hallazgos que explicaremos más adelante.


BIOGRAFÍA DE ALEX HRDLICKA (1869-1943)
Fuente: Minnesota State University.

Ales Hrdlicka fue un influyente antropólogo físico nacido en 30 de marzo de 1869. Sus padres fueron Maximiliano Hrdlicka y Karolina Wagner quienes lo criaron en una pequeña ciudad llamada Humpolec, en Bohemia, actual República Checa. Creció en Humpolec y emigró con su familia a Nueva York en 1881. Su primer trabajo en los Estados Unidos se encontraba en una tienda de tabaco. Después de terminar sus estudios de enseñanza secundaria, entró en el New York Medical College eclécticas en el consejo de su médico. Se graduó con honores y comenzó a practicar en el Lower East Side, al tiempo que prosigue sus estudios en el New York College Homeopática.

Hrdlicka se interesó por la antropología, una ciencia que era nueva en ese momento. Se fue a París para estudiar bajo la dirección del Profesor Manovrier en la Ecole d Anthropologie entre otras escuelas. Cuando regresó a los Estados Unidos construyó una antropología de laboratorio y comenzó a recoger información sobre las características de los estadounidenses. Comenzó a mover su carrera en el campo de la antropología. Se casó con Marie Strickler, a quien se le dedicó.

Hrdlicka no remunerado aceptó una posición en el Museo Americano de Historia Natural como antropólogo, en 1899. Trabajo en virtud de Fredric Ward Putnam, participó en cuatro intensos estudios antropométricos de los indios del suroeste americano y en el norte de Mexico. En 1903, Hrdlicka aceptó una posición como Curador Asistente en la División de Antropología Física en el Museo Nacional de Historia Natural, que forma parte del Instituto Smithsonian. En 1910, se convirtió en el Curador de su departamento. Durante sus cuarenta años con el Instituto Smithsonian, compiló la más completa colección de materiales óseos humanos en el mundo. Fue el uno de los primeros científicos que sostienen que los americanos se originó en Asia y llegó a través del estrecho de Bering.

Si bien fue curador, viajó extensamente a muchos sitios arqueológicos. En 1927 publicó un artículo llamado "El hombre de Neandertal Fase del Hombre" que trató de demostrar que todas las razas tienen un origen común. Más tarde supone que los seres humanos sólo podía han desarrollado en el Viejo Mundo. Algunos de sus libros incluyen Antropología Física en 1919, seguida de Antropometría en 1920 y el Viejo Estadounidenses en 1925.

Tratando de apoyar su teoría de que los americanos inmigraron a través del estrecho de Bering organizó y realizó diez expediciones a Alaska, Kodiak Island, Islas Aleutianas, y el Comandante de las Islas. Estas expediciones contribuyó con una gran cantidad de información y pruebas físicas. Estas expediciones dar lugar a la redacción de la Agenda de Alaska 1926 - 1931, en 1943.

Durante su permanencia en el Smithsonian Institute, fundó el American Journal de Antropología Física y editó hasta su muerte el 5 de abril de 1943. Recibió doctorados honorarios de la Universidad Charles en Praga y la Purkyne University en Brno. También estableció la Asociación Americana de los antropólogos físicos, que sigue existiendo hoy.


Revistas:
Kaulicke, P. (ed), 1999. El Periodo Arcaico en el Perú: Hacia una definición de los orígenes. Boletín de Arqueología PUCP 3. Departamento de Humanidades, Especialidad de Arqueología, Pontificia Universidad Católica del Perú. 446 pp.
Estudios Atacameños 8 – 1987 (Nº Especial).
Chungara 24/25 – 1990.
Bibliografía General Pruebas
Ardila, G. y G. Politis, 1989. Nuevos datos para un viejo problema: investigación y discusiones en torno del poblamiento de América del Sur. Boletín del Museo de Oro 23:3-45.
Borrero, L., 1991. Una comparación entre los procesos de poblamiento de Tasmania y Tierra del Fuego. Revista Patagónica 49:11-16.
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Dillehay et al. 1992 Earliest Hunter gatherers of South America. Journal of World Prehistory 6(2):145.
Dillehay 1997 ¿Dónde están los restos óseos humanos del periodo pleistoceno tardío? Problemas y perspectivas en la búsqueda de los primeros americanos Boletín PUCP 1:55.
Dillehay, T., 2000. The settlement of the Americas. A new prehistory. Basic Books. USA.
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